Memorias de un vagón de ferrocarril by Eduardo Zamacois

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Zamacois, Eduardo, 1873-1971 Zamacois, Eduardo, 1873-1971
Spanish
Hey, have you heard of this old Spanish novel that’s basically a train car telling its life story? It sounds wild, but it works. It’s called 'Memorias de un vagón de ferrocarril' (Memoirs of a Railway Carriage) by Eduardo Zamacois. The whole book is narrated by a single train carriage, which witnesses over fifty years of Spanish history—from royal processions to political exiles to everyday dramas—all from its stationary spot in a forgotten shed. It’s not about a journey; it’s about everything that comes to it. If you like historical fiction with a seriously unique perspective, this hidden gem from 1900 is a quiet, fascinating ride.
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en cuyo nombre la ciega humanidad se ha despedazado tantas veces. La Compañía que me trajo a España pagó--con arreglo al cambio de aquel día--veinte mil duros por mí. Los merezco. Casi en totalidad estoy hecho con piezas de caoba y encina que, tras de perder toda el agua de sus fibras leñosas durante varios años de estadía en los secaderos, fueron severamente endurecidas bajo la llama del soplete; únicamente ciertos pormenores y adornos de mi individuo son de roble, y me cubre una tablazón de “teak”, madera muy semejante al pino que viene del Norte europeo, y es inaccesible a los cambios atmosféricos. Mi peso neto--quiero decir--cuando estoy vacío, excede de treinta y seis toneladas. Tengo más de diez y ocho metros de longitud y tres metros y cincuenta centímetros de altura, y la amplitud de mi techumbre cóncava posee una majestad de bóveda. Durante muchos meses numerosos forjadores, carpinteros, ebanistas, tapiceros, fontaneros, lampistas, electricistas, estufistas y cristaleros habilísimos, trabajaron en mi fabricación, y sus manos diestras maravillosamente fueron infundiéndome una solidez excepcional y una rara armonía de proporciones. Con justicia mis camaradas de ruta, a poco de conocerme, empezaron a llamarme _El Cabal_. Soy ancho, cómodo, y, no obstante la gravedad de mi armazón, tiemblo ágilmente, con sacudidas ligerísimas, sobre mi rodaje de cuatro ejes. No todos los coches de mi rango podrían jactarse de otro tanto. Existe entre nosotros una aristocracia que, sin vacilaciones, acusaré de advenediza: figuran en ella los vagones más jóvenes que yo, fabricados con tablas secadas imperfectamente. Yo les llamo vagones “de bazar”. Su aspecto es bueno, pero carecen de resistencia: pronto sus miembros se resienten del trabajo; crujen, gimen, sus puertas no cierran bien, sus ventanillas cesan de ajustar, sus muelles fatigados se desmoralizan... Además, por haber sido construídos de prisa y sin amor, les faltan ciertos detalles complementarios indispensables a su ornamentación y a la perfecta comodidad de los viajeros; y la verdadera distinción está en “el detalle”... Las unidades de “primera clase” se dividen en dos categorías: yo pertenezco a la mejor, a la de más rancia y pura aristocracia, y las letras A A. que exornan mis portezuelas pregonan mi alcurnia. El “cuarto-tocador” ocupa uno de mis extremos, y en el centro--lugar el menos trepidante--llevo un “departamento-cama”. Mi interior, dividido en seis compartimientos, es bello y blando, acariciador, confortador, lleno de previsiones; femenino, en suma: los asientos, que fácilmente pueden ancharse y convertirse en lechos; los almohadones mullidos; la curvatura, propicia al descanso, de los respaldos; las abrazaderas, sobre las que el viajero podrá descansar un brazo; los ceniceros; la mesita que adorna la entreventana; las cortinas, que modifican la luz solar; los tubos de la calefacción; los timbres de alarma; los espejos biselados; los anuncios polícromos y las fotografías de lugares célebres, que exornan mi tránsito; el silencio y precisión con que las puertas se cierran y ajustan a sus marcos...; todo, en fin, descubre en mí un alma “de hogar”. En invierno, especialmente y de noche, cuando el frío escarcha los cristales y la máquina me envía a raudales generosos su calor, y todos mis inquilinos duermen, y las manos de los enamorados se buscan enceladas y febriles bajo las mantas, entonces mis compartimientos parecen alcobas sobre cuya tonalidad gris mis linternas, medio cerradas, semejantes a párpados indolentes, vertiesen una casi imperceptible llovizna de luz. ¡Bello y rotundo contraste!... Fuera de mí, el movimiento, la lucha, el peligro, la obscuridad, el fragor tronitronante de los puentes, el estrépito ensordecedor de los túneles, la lluvia, el granizo, la nieve, los vientos helados, la interminable conquista de la tierra;...

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Ever wondered what the walls would say if they could talk? Eduardo Zamacois took that idea and ran with it, giving a voice to a retired railway carriage in late 19th-century Spain.

The Story

The narrator isn't a person—it's a train car. After years of service, it's now rusting in a shed, but it has a perfect memory. It tells us everything it saw and overheard while carrying passengers from the 1840s to the 1890s. We don't get a linear plot, but a series of vivid snapshots: a queen traveling in secret, a heartbroken lover, political conspirators arguing in the dark. Each chapter is a new set of characters and a new secret shared within its wooden walls, painting a picture of a society in constant, turbulent motion.

Why You Should Read It

This is where the book really shines. The carriage isn't just a gimmick; it's the perfect observer. It can't judge or interfere, only listen and remember. This creates an incredibly intimate and neutral record of human life. You get the grand sweep of history—revolutions, exiles, technological change—filtered through the small, personal moments of the people living through it. It makes history feel immediate and personal, not like a list of dates. Zamacois's prose is clear and detailed, pulling you right into each scene.

Final Verdict

This book is a treat for readers who love character-driven historical fiction and creative storytelling. If you enjoy books that show history from the ground up (or in this case, from the seats up), you'll be captivated. It's also a great pick for anyone who likes a quiet, thoughtful read that makes you see the world a little differently. It’s a forgotten classic that deserves a new audience.



✅ Free to Use

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Betty Perez
1 year ago

Read this on my tablet, looks great.

Sandra Clark
1 year ago

Clear and concise.

Patricia Thomas
9 months ago

The index links actually work, which is rare!

Michelle Gonzalez
1 year ago

Great digital experience compared to other versions.

Elijah Harris
1 year ago

Based on the summary, I decided to read it and it challenges the reader's perspective in an intellectual way. Worth every second.

5
5 out of 5 (10 User reviews )

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